Cuando muere un salubrista: Dr. Fernando Muñoz Porras

Cuando muere un salubrista
Dr. Fernando Muñoz Porras
12 de octubre de 2017

El nombre “Fernando” llegó a América proveniente de España y deriva del germánico Firthunands, de firthu: paz o libertad y nands: audaz, valeroso. Se conjuga en este nombre una vida aventurera y el atreverse a todo por la paz.

Fernando Muñoz Porras, un ser entrañablemente bueno y sensible, no fue sólo un médico, un pediatra, un académico, un profesor, un tremendo salubrista, Fernando fue un sembrador de paz, un generador de vínculos, un hombre fiel y consecuente a todos los principios que consideraran al otro como un verdadero otro, viviendo una vida cimentada en la entrega a los demás. Fernando creyó siempre en el ser humano, del color que este sea, de la creencia que profesare, el ser humano era para Fernando una esperanza viva. Fernando sufrió con el desencuentro, le dolía la desconfianza y le pesaba la ignorancia.

A Fernando le debemos el reencuentro de ideas, la primavera plagada de nuevos brotes en la década de los años noventa cuando se inició la reforma de salud cuyo proceso duró años. La nueva figura de la autoridad sanitaria, la separación de las funciones asistenciales de las de regulación, el régimen de garantías, las estrategias de fortalecimiento de la salud  pública como concepto y como disciplina. En estos tiempos estaba ocupado del fortalecimiento de la estrategia de prevención a través del programa de inmunización y dedicado a desarrollar nuevos planteamientos para el mejoramiento del sector salud. Su forma de lucha con majestuosa serenidad y reposo -nunca exentos de tesón- agregaban acento a sus sabios planteamientos en cualquier política de salud pública.

Inmerso en la vorágine laboral, Fernando siempre transmitió su ternura como padre de familia, sus afectos como hijo ejemplar y amoroso hermano. Las ocupaciones cotidianas no lo alejaban de sus afectos y tampoco de sus goces de la vida, era un hombre de una afabilidad sin límites, de una humanidad sin fronteras que nos obsequió llaneza y jovialidad hasta en los momentos más críticos y aún en funciones de alto poder.

Fernando cumplió todos los roles en su paso por esta tierra y deja cimientos de una obra dedicada a los demás, especialmente a los más desposeídos. Si bien la enfermedad se lo llevó antes de lo que hubiéramos deseado, además de sus hermosos hijos, cada uno de los que trabajamos con él o compartimos la academia nos quedamos con su impronta y el desafío de continuar su herencia de faena incansable por el bienestar de nuestros congéneres desde la acción, la enseñanza, la investigación y el permanente estudio de los problemas que aquejan a la sociedad y el empuje para resolverlos.

Cuando Fernando supo de su enfermedad y su pronóstico, preguntó por alternativas para curarse y finalmente dijo: “sí, voy a dar la pelea”, con valentía y convicción, como el hombre libre que siempre fue.

Hasta pronto querido amigo y maestro.

Dra. Nelly de Lourdes Alvarado Aguilar
Prof. Asistente Escuela de Salud Pública U. de Chile
Prof. Asistente y Coordinadora Salud Pública U. Diego Portales.

 

 

 

 

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